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Alimento para el alma. Un café con… Andreina

Me alegra sobremanera ver cómo la humanidad despierta a la conciencia de cuidar el cofre de nuestra vida, que es nuestro cuerpo

“El hombre mira la apariencia exterior, pero el Señor mira el corazón.”

1Samuel 16:7

Cuidar nuestra salud es más que una diversión, un compromiso con nuestro Creador, alimento para el alma.  Procurar la salud y de paso, descubrir nuestras enormes potencialidades, es una moda que aplaudo y comparto.

Esta “moda” incluye una clara corriente por la actividad física, ejercicios, técnicas de todo tipo para bajar de peso y moldear la figura, en adicción a la búsqueda insaciable de perfección que lleva a cantidad de mujeres y hombres a quitar lo que no les gusta, o poner lo que habían soñado tener en su cuerpo, lo que sin dudas, ha podido en muchos casos desencadenar en un obsesivo culto al cuerpo.

Y no es que estemos en desacuerdo con la incorporación de actividad física, deporte, o las novedades de la medicina estética, para mejorar nuestra salud y nuestra imagen, sino que si he podido notar que en esta inagotable carrera hacia la perfección, hemos olvidado lo más importante: nuestro espíritu.

Cuidar nuestra salud es más que una diversión, es un compromiso con nuestro Creador

Así como la salud y la belleza se conciben de modo integral, la felicidad es aún más completa e incluye el infinito espacio espiritual en nuestra vida.

Es imposible ser feliz, saludable o bello, si nuestro espíritu está seco, abandonado, o simplemente descuidado.

Me gustaría descubrir en todas las personas que confiesan hacer verdaderos sacrificios para entrenarse (como levantarse de madrugada, o terminar en el gimnasio después de un día de trabajo), agregándole constancia y disciplina a sus propósitos, que este igualmente dispuestas a entrenarse en la búsqueda de aquello que nos permitirá obtener la verdadera fuerza interior para lograr cualquier cosa.

Es imposible ser feliz, saludable o bello, si nuestro espíritu está abandonado, o simplemente descuidado

Esto es la fe. Y la fe no es una palabra que se dice y se deja reposar para que crezca. La fe igualmente necesita de un entrenamiento constante, de una disciplina permanente y una rutina que perdure en profundidad y entrega.

A eso yo le llamo “fitness espiritual”. Así como veo entrenarse a miles de personas, corriendo, levantando pesas, haciendo aeróbicos, montados en bicicletas, nadando, y convirtiéndose en apasionados seguidores del deporte y la actividad física, de la misma forma quisiera verlos haciendo espacio en su cotidianidad para leer La palabra de Dios, para meditar en ella, para buscar revelación, para compartir la enseñanza bíblica, que en definitiva, es donde reposan todos los posibles logros del ser humano.

Y así como el entrenamiento físico y una alimentación balanceada les ha dado resultados positivos al cuerpo, este entrenamiento espiritual le dejará palpables en su vida, tales como fe, virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad, afecto fraternal y amor. ¿Le parece poco? Este perfecto equilibrio no dejará que usted se confunda y se entregue a un obsesivo abuso de su ego.

El entrenamiento espiritual le dejará palpables en su vida; fe, virtud, conocimiento, paciencia, piedad, y amor

Incluso, servirá para mantener una actitud confiadamente audaz frente a los desafíos. Ambos entrenamientos son absolutamente necesarios para ser el hombre o mujer que Dios creó.

Por ello no permita que lo mundano y material le robe el tiempo de lo más importante y trascendente. Invierta equilibradamente en ambos, en la medida de lo auténticamente prioritario.

Se dará cuenta de que la salud y la belleza brillarán, no solo de forma momentánea, sino con un halo de luz inagotable de su interior que permanecerá siempre.   

Hasta un próximo café y que Dios les bendiga!

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